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Carlos Giménez: la viñeta de un país: Ciencia Ficción

Ciencia ficción

(...) "Es notable observar el grado en que Carlos Giménez ha conseguido madurar su grafismo desde «Gringo» a «Dani Futuro». Por supuesto, no se trata de que Dani represente el paso de Giménez al cómic de vanguardia. Se trata de algo más auténtico en él y en consecuencia más importante: ha llegado a ser el número uno de nuestros dibujantes comerciales, en el sentido plenamente positivo del término".

Ludolfo Paramio

Fragmento de un artículo publicado en el número 3 de la revista "Bang!", en 1970.

 

"DELTA 99, como el lector enseguida percibirá, es una obra de juventud. Está realizada por un dibujante que empezaba a serlo y que suplía su falta de talento y experiencia con grandes dosis de entusiasmo y dedicación.

El principal acierto de DELTA 99, desde el punto de vista gráfico, quizá sea el hecho de que quise dotar al héroe tradicional del tebeo de aventuras de los atributos del personaje de romance. Es decir, chico intencionadamente guapo -aunque algunas veces no lo consiguiera-, pelo largo -inusual en aquella época en los tebeos de aventuras-, camisas de flores, chaquetas entalladas... Y por lo que se refiere a los personajes femeninos, peinados sofisticados, vestidos estampados, minifaldas, etc.

Era la primera herencia de los Beatles. Sepa el lector que en aquella época -los primeros setenta- nosotros, los dibujantes jóvenes (Adolfo Usero, Suso, Maroto, etc.), estábamos inmersos en el influjo hippy, intentando desesperadamente hacer el amor en lugar de la guerra y mantener el pelo largo sin tener que pelearnos cada mañana y cada tarde con todos los "machos" a los que irritaban profundamente nuestros aires de libertad.

Los primeros cuadernos de esta serie fueron realizados en La Floresta, un estudio en plan comuna que compartíamos entre varios dibujantes viviendo a nuestro aire, dejándonos crecer el pelo y las barbas, haciendo largas sesiones de lectura, recitales de poesía, discusiones políticas -nuestras primeras y profundas discusiones políticas-, sesiones de espiritismo, todo tipo de juegos y declaraciones de principios.

En aquellos apretados y densos días, aprendíamos no solamente a ser dibujantes, sino también a ser hombres.

Sólo espero que el lector de hoy juzgue con benevolencia el trabajo, no por ilusionado excelente, de ese joven y romántico principiante que fui".

Carlos Giménez

“La ciencia-ficción ha sido siempre uno de los filones temáticos predilectos del cómic, y ello por razones fáciles de entender:

Por una parte, concede al dibujante mayor libertad expresiva que otros géneros, dándole la oportunidad de crear un universo gráfico propio con un mínimo de condicionamiento.

Por otra parte — y en estrecha relación con lo anterior—, las enormes posibilidades visuales de muchos temas de ciencia-ficción la convierten en un género especialmente idóneo para la expresión tebeística”.

(…) “La ambientación futurista juega en este caso un papel nada pretextual, sino poderosamente revulsivo: la carnicería perpetrada en el marco de una gigantesca astronave, maravilla del progreso tecnológico, se vuelve, por contraste, mucho más brutal y absurda; como doblemente absurda y brutal resulta la crueldad de unos aventureros capaces de cruzar el espacio interestelar, pero no la frontera que separa la codicia de la solidaridad y el respeto a los demás seres pensantes.

Como en toda la buena ciencia-ficción, estas historias de Carlos Giménez entrañan una reflexión sobre el llamado progreso y sus riesgos implícitos, sobre la ambivalencia de una tecnología que, aunque potencialmente redentora, puesta al servicio de la dominación se convertiría —se está convirtiendo ya— en una fábrica de pesadillas.

Como en la delirante parábola que cierra el álbum, el hombre puede hacer del «progreso» la más abyecta cámara de los horrores, y encerrarse en ella por su propia mano”.

Carlo Frabetti

 

"Obra un poco maldita en cuanto a que en el año en que fue realizada era totalmente impensable publicarla en España; obra maldita por cuanto varios editores europeos se negaron a publicarla debido a que «el héroe es demasiado feo» o «su falta de comercialidad», a que no obedecía a los clichés habituales de la historieta.

(...) «HOM», más que nada, es una llamada a la unidad de los hombres, a la solidaridad de éstos, a la necesidad de actuar juntos frente a unos condicionamientos políticos y sociales que afectan a la gran mayoría. Es a esta mayoría, a estos seres cuyas fuerzas se encuentran dispersadas, a los que Giménez llama a la unidad como única solución. La cuestión de fuerza se transforma así en cuestión de números.

(...) El montaje de las viñetas, la composición de las distintas páginas, la distribución del texto, la utilización de primeros planos o el uso adecuado de un flash-back, el corte de cada capítulo, hacen de «HOM» casi una obra irrepetible, única, difícilmente superable. Una joya sorprendente e inesperada en la vida de la historieta española".

Manuel G. Quintana

       

"... Luego, en otro momento en que está sin trabajo, empieza «Koolau, el leproso», basado en una narración de Jack London y que —el lector lo verá inmediatamente— constituye su última obra maestra.

(…)  el contenido ideológico de la historieta responde no sólo al texto de London sino a la ideología de Giménez. Está claro que «Koolau» es una denuncia del racismo, del imperialismo y del colonialismo. Y es al mismo tiempo un canto a la resistencia, una justificación catártica de la violencia y una llamada a la solidaridad entre los oprimidos. El lector tiene ahora en sus manos el instrumento para hacer su propio análisis: ver y leer repetidas veces esta historia."

Toni Segarra

Fragmento de un artículo publicado en la revista "TOTEM"

 
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