"... uno se pone a mirar el atardecer por el hueco de la chapa que clausura nuestra ventana y piensa mucho. Piensa tantas cosas, lindas, feas... ¿Qué es lo que se va gestando dentro nuestro? ¿Qué monstruo o qué dios? ¡Es tan difícil adivinarlo! Y el producto típico de esos momentos son estas divagaciones. Podríamos llamarlo Filosofía de la Incomunicación." (Carta clandestina enviada desde la UPI el 24 de mayo de 1978)